
Y digo ella porque he buscado quién era esa gatita. Como desde hace tres meses convivo con una bola de pelos, te fijas más en la relación de las gentes con los gatos. De repente, el 8O por ciento de tus amigos o conocidos se declaran alérgicos. Sabes que sólo son alérgicos la mitad claro, la otra mitad lo dice para confesar abiertamente que les dan miedo, asco, indiferencia o terror atávico. Luego están los que han sido conquistados por miss Nati, mi siamesa escurridiza, que es la auténtica Carla Bruni de las gatitas. Es una rompecorazones - "Qué guapa es"-, no dicen bonita; "A mi no me gustan los gatos, pero esta...". Es muy pequeña y blanca, no como Teki, el mostrenco de Chandler. Al igual que Taki, Nati se cruza España en tren, con su billetito de gato y también nos observa a mi Vecino y a mi, y parece que nos comenta lo que hacemos. Se puede pegar horas viendo pintar a mi Vecino, porque el gato es el único animal que pinta, junto con el mono Congo, que le vendía obras a Picasso. Esta historia la he heredado de mi Vecino, porque el mono Congo ha pasado a ser otro personaje de nuestra galería del piso.
Dejo aquí para quien le pueda interesar y no sea alérgico a los gatos por escrito, una carta de Raymond Chandler donde vemos su profundo amor por estos animalillos: "Un gato no actúa nunca como si en un mundo muy nublado, uno fuera el único rincón con sol. Ésta es sólo una manera de decir que el gato no es un sentimental, lo que no significa que no sienta afecto”.
Yo creo que en el fondo, como escribía Moira Soto: "Acaso el siamés loco del cuento “El idioma de los gatos”, de Spencer Holst, no faltaba a la verdad cuando le decía al caballero científico que miles de años atrás los gatos tenían una gran civilización mundial, con naves espaciales, comunicación telepática y otras maravillas. Todo tan complejo que un día, para disfrutar de la vida, decidieron que era mejor simplificar las cosas y así fue que inventaron una raza de robots para que se hiciera cargo del cuidado de los gatos. Naturalmente, dichos robots somos nosotros. "
RAYMOND CHANDLER, Carta a Charles Morton ,19 de marzo de 1945 en El simple arte de escribir
Un hombre llamado Inkstead me sacó algunas fotos para Harper´s Bazaar hace un tiempo (nunca pude descubrir por qué) y una la que yo estaba con mi secretaria sentada sobre mis rodillas salió realmente muy bien. Cuando reciba la docena que pedí le enviaré una. Quizá convenga aclarar que la secretaria es una gata persa negra, de catorce años, y la llamo así porque ha estado conmigo desde que empecé a escribir, por lo general sentándose sobre el papel que quiero usar o los escritos que quiero revisar, a veces saltando sobre la máquina de escribir y a veces mirando tranquilamente por la ventana desde un rincón del escritorio, como diciendo: “Lo que estás haciendo es una perdida de tiempo, compañero.” Su nombre es Taki (originariamente era Take, pero nos cansamos de explicar que era una palabra japonesa que significa bambú, y debe pronunciarse en dos sílabas), y tiene una memoria como ningún elefante puede haber intentado tenerla. Por lo general es cortésmente distante, pero de vez en cuando se pone de humor discutidor y habla durante diez minutos sin parar. Ojalá yo supiera lo que está diciendo, pero sospecho que se resume en una versión muy sarcástica de: “Podrías hacerlo mejor”. He amado a los gatos toda mi vida (no tengo nada contra los perros salvo que necesitan mucha diversión) y nunca he podido entenderlos del todo.
Taki es un animal completamente aplomado y siempre sabe a quién le gustan los gatos, nunca se acerca a alguien a quien no le gustan, y siempre va directamente hacia cualquiera, por tarde que llegue y desconocido que sea, que realmente los quiera. No pasa mucho tiempo con ellos, no obstante, se limita a un monto moderado de caricias y juegos. Tiene un truco curioso (que puede o no ser excepcional), y es que nunca mata a ninguna presa. Las trae vivas y deja que uno las tome. En diversas ocasiones ha traído a la casa presas como una paloma; un loro azul y una gran mariposa. La mariposa y el loro estaban enteramente indemnes y siguieron su vida como si nada hubiera pasado. La paloma le dio algunos problemas, pues al parecer no quería ser transportada, y tenía una pequeña mancha de sangre en el pecho. Pero la llevamos al veterinario y estuvo bien muy pronto, Sólo un poco humillada. Los ratones la aburren, pero los atrapa si ellos insisten, y, después yo tengo que matarlos. Tiene una especie de cansino interés en los topos, y puede observar con cierta atención una cueva de topo, pero los topos muerden y después de todo, ¿quién quiere un topo? Así que se limita a simular que podría atrapar uno, si quisiera.
Va con nosotros a todas partes donde viajamos, recuerda todos los sitios donde ha estado antes y en general se siente a gusto en cualquier lado. Uno o dos lugares le cayeron mal, no sé por qué. Simplemente no se adaptó a ellos. No tardamos en entender las alusiones. Lo más probable es que en este sitio haya habido algún asesinato brutal, y que estaríamos mucho mejor en otra parte. El asesino podría volver. A veces me mira con una expresión peculiar (es el único gato que conozco que lo mira a uno a los ojos) y tengo la sospecha de que lleva un diario, porque la expresión parece decir: "Hermano, en general se te ve muy satisfecho contigo mismo, ¿no? Me pregunto qué sentirías si yo decidiera publicar algo de lo que he venido anotando en mis ratos libros.” En ciertos momentos tiene el gesto de levantar una pata delantera y dejarla colgando, mirándola especulativamente. Mi esposa piensa que está sugiriendo que le compremos un reloj de pulsera; no lo necesita por ningún motivo práctico (sabe la hora mejor que yo) pero después de todo las chicas necesitan tener alguna joya. No sé por qué estoy escribiendo todo esto. Debe ser porque no se me ocurre ninguna otra cosa o ( aquí es donde se pone siniestro) ¿ lo estoy escribiendo en realidad yo? Podría ser que…No, debo de ser yo. Digamos que soy yo. Tengo miedo.
P.S.: Estoy trabajando en una adaptación a la pantalla de La dama en el lago para la MGM. Me aburre a muerte. Es la última vez que hago un guión de un libro que yo mismo escribí. Es como revolcarse sobre huesos secos.
Estoy pensando si emular a Chandler y llevarme a Nati la semana que viene al Congreso Internacional de Ficción criminal en León, oportunidad que me brinda la delegación de Educación de Castilla-La Mancha y mis jefes que amablemente me dejan ir, con los dientes largos porque la cosa promete.