miércoles 23 de abril de 2008

Día del libro

Una lección muy buena de cinismo de Ruíz Zafón:
"El libro será juzgado, vilipendiado, seguro. No es justo, pero el mundo tampoco lo es. Todo es parte del juego" . Diario Metro.

... y vendido ¿o qué?, espabilao. ¡Caramba qué coincidencia sacarlo poco antes del 23 de abril!.

En fin, la foto es de la mañífica librería de viejo de la casa de Antonio Machado en Segovia. El mismo que dijo: "Todo necio, confunde valor y precio".

martes 22 de abril de 2008

Los viajeros de provincias- II- "El levantamiento de un cadáver no admite repeticiones"

La culpa de todo esto la tiene mi madre que se empeñó en sacarse el carnet de conducir para no conducir jamás después de lograrlo. Se lo sacó en una autoescuela de las casas de tranviarios en el barrio de Las Fuentes. Al lado había un kiosko y se compraba el fascículo semanal de "El Club del Misterio" de la editorial Bruguera y una bolsa de "moricas" para mí. Mientras recibía la clase, me dejaba sentada en la recepción con la secretaria, comiendo moricas y mirando los dibujos del fascículo.
Lo recuerdo como si fuera hace un rato. Tenía cuatro años.
Esta semana pasada he estado en León en un congreso internacional de "ficción criminal", llamado así para no discutir con las etiquetas. El congreso se ha saldado con dos ponentes desaparecidos y el robo de un portátil robado entre conferencia y conferencia, que le impidió a una señora pesadísima colocarnos su pogüerpoin del crimen de Fuencarral en Galdós. Como si eso fuera importante para contar bien lo que se quiere contar.
El resultado del partido fue desastroso para los profesores, críticos literarios y gente de "letras", por abreviar. Ganó el equipo de las fuerzas de seguridad del estado y demás. O sea, el forense, el novelista y jefe de policía local de Gijón, Alejandro M. Gallo; y otro ponente abogado. También contó bien Lorenzo Silva sus cosas, y también fue abogado años atrás.
Los mejores contadores de historias fueron los que se dedican a eso todos los días teniendo que convencer a alguien, ya no de la verdad ( "¿Tu verdad? No, la verdad./ Y ven conmigo a buscarla./ La tuya, guárdatela".), sino de una historia convincente y eficaz para un juez, un superior, la prensa...
En palabras del poli de Gijón, su trabajo consiste en: "Chico, trajínate tú las pruebas". Y a partir de ahí nos dió un paseo por la metodología de la investigación criminal en el género negro en el que a través de la historia de la filosofía y del género en cine, televisión y literatura, remátó una faena de las que se recuerdan durante muchas tardes. En fin, como diría Borges: "He aquí un rabino muerto; yo preferiría una explicación puramente rabínica, no los imaginarios percances de un imaginario ladrón.". Pues eso.
También el forense Ignacio Alija nos contó fabulosamente la historia ilustrada de una auténtica autopsia, emulando decía, a Michael Herr en su libro "Dispatches", contando las verdaderas historias de Vietnam. Da gusto saber que estamos en manos de tan buenos profesionales, que nos ilustran con las citas oportunas:"Ni aunque hubiera pasado por ahí una manada de búfalos podrían haberlo revuelto más", de Estudio en escarlata; y que nos explican el caso del incendio del Teatro Novedades en Madrid en 1928, para que sepamos que la herida número 7 no es una herida de arma blanca sino la consecuencia de los efectos del calor sobre la piel. Todo esto con las fotos del cadáver de Teodora, para la aprensión de algunos de los presentes y el regocijo de Alija: Yo no trabajo con la ficción como ustedes ¿Qué creían?, ¿Que esto era el Cluedo? .
Otra conferencia interesante fue la de Xacobe Bastida, del grupo de profesores de derecho de la universidad de Oviedo que estudian el derecho en el cine. Bastida defiende que el cine negro es comparable a la tragedia griega, donde la razón es una cuestión de ratio, proporción o medida. Yo algo de esto me olía porque en mi breve estancia en la facultad de derecho tuve la suerte de tener de profe de derecho natural a Santisteve, que además de parecerse a David Bowie, nos hizo leer a Kafka, a Foucault o a Ortega. También nos decía que Edipo Rey era la primera novela policíaca de la historia, además de tener un gran valor para la jurisprudencia al aparecer el testimonio de un testigo, esclavo además, con valor probatorio.
Este profe siempre nos decía que fuéramos de oyentes a los juzgados, que es como se aprende. En el primer juicio que vi en mi vida, casi me tengo que salir del ataque de risa. Se trataba de un robo a una casica de campo en Movera mediante un butrón. La lista de objetos robados era de un gran valor, como podemos deducir y terminaba con los siguientes objetos: "blablabla... y dos cobayas y un camping gas". Este final me pareció muy bueno. También la mesa robada que era más grande que el butrón, pero esa es otra historia y esta entrada ya no da más de sí por el momento.

viernes 11 de abril de 2008

El hombre que amaba a los perros (y a los gaticos)



Seguimos leyendo lo que encontramos en el suelo del rastro de la plaza de toros y en el último saqueo encuentro estas dos perlas. Esta de la foto que he encontrado en Ebay, estaba siendo pisoteada por alguien que no la quiso. En la primera hoja vemos un sello de la librería Herso de Albacete, que todavía sigue en pie. El libro va volviendo cerca de su librería de origen, le quedan pocos kilómetros. La otra perlilla es "El hombre que amaba a los perros" en edición ilustrada de Todolibro, Bruguera. Son relatos de Chandler, que aparece en la primera página en un grabado con un gatico negro como el de Bruguera. Nada que ver con la especimen de la foto, que no se sabe si Chandler la sujeta o si es ella la que sujeta a nuestro escritor.


Y digo ella porque he buscado quién era esa gatita. Como desde hace tres meses convivo con una bola de pelos, te fijas más en la relación de las gentes con los gatos. De repente, el 8O por ciento de tus amigos o conocidos se declaran alérgicos. Sabes que sólo son alérgicos la mitad claro, la otra mitad lo dice para confesar abiertamente que les dan miedo, asco, indiferencia o terror atávico. Luego están los que han sido conquistados por miss Nati, mi siamesa escurridiza, que es la auténtica Carla Bruni de las gatitas. Es una rompecorazones - "Qué guapa es"-, no dicen bonita; "A mi no me gustan los gatos, pero esta...". Es muy pequeña y blanca, no como Teki, el mostrenco de Chandler. Al igual que Taki, Nati se cruza España en tren, con su billetito de gato y también nos observa a mi Vecino y a mi, y parece que nos comenta lo que hacemos. Se puede pegar horas viendo pintar a mi Vecino, porque el gato es el único animal que pinta, junto con el mono Congo, que le vendía obras a Picasso. Esta historia la he heredado de mi Vecino, porque el mono Congo ha pasado a ser otro personaje de nuestra galería del piso.

Dejo aquí para quien le pueda interesar y no sea alérgico a los gatos por escrito, una carta de Raymond Chandler donde vemos su profundo amor por estos animalillos: "Un gato no actúa nunca como si en un mundo muy nublado, uno fuera el único rincón con sol. Ésta es sólo una manera de decir que el gato no es un sentimental, lo que no significa que no sienta afecto”.
Yo creo que en el fondo, como escribía Moira Soto: "Acaso el siamés loco del cuento “El idioma de los gatos”, de Spencer Holst, no faltaba a la verdad cuando le decía al caballero científico que miles de años atrás los gatos tenían una gran civilización mundial, con naves espaciales, comunicación telepática y otras maravillas. Todo tan complejo que un día, para disfrutar de la vida, decidieron que era mejor simplificar las cosas y así fue que inventaron una raza de robots para que se hiciera cargo del cuidado de los gatos. Naturalmente, dichos robots somos nosotros. "

RAYMOND CHANDLER, Carta a Charles Morton ,19 de marzo de 1945 en El simple arte de escribir

Un hombre llamado Inkstead me sacó algunas fotos para Harper´s Bazaar hace un tiempo (nunca pude descubrir por qué) y una la que yo estaba con mi secretaria sentada sobre mis rodillas salió realmente muy bien. Cuando reciba la docena que pedí le enviaré una. Quizá convenga aclarar que la secretaria es una gata persa negra, de catorce años, y la llamo así porque ha estado conmigo desde que empecé a escribir, por lo general sentándose sobre el papel que quiero usar o los escritos que quiero revisar, a veces saltando sobre la máquina de escribir y a veces mirando tranquilamente por la ventana desde un rincón del escritorio, como diciendo: “Lo que estás haciendo es una perdida de tiempo, compañero.” Su nombre es Taki (originariamente era Take, pero nos cansamos de explicar que era una palabra japonesa que significa bambú, y debe pronunciarse en dos sílabas), y tiene una memoria como ningún elefante puede haber intentado tenerla. Por lo general es cortésmente distante, pero de vez en cuando se pone de humor discutidor y habla durante diez minutos sin parar. Ojalá yo supiera lo que está diciendo, pero sospecho que se resume en una versión muy sarcástica de: “Podrías hacerlo mejor”. He amado a los gatos toda mi vida (no tengo nada contra los perros salvo que necesitan mucha diversión) y nunca he podido entenderlos del todo.


Taki es un animal completamente aplomado y siempre sabe a quién le gustan los gatos, nunca se acerca a alguien a quien no le gustan, y siempre va directamente hacia cualquiera, por tarde que llegue y desconocido que sea, que realmente los quiera. No pasa mucho tiempo con ellos, no obstante, se limita a un monto moderado de caricias y juegos. Tiene un truco curioso (que puede o no ser excepcional), y es que nunca mata a ninguna presa. Las trae vivas y deja que uno las tome. En diversas ocasiones ha traído a la casa presas como una paloma; un loro azul y una gran mariposa. La mariposa y el loro estaban enteramente indemnes y siguieron su vida como si nada hubiera pasado. La paloma le dio algunos problemas, pues al parecer no quería ser transportada, y tenía una pequeña mancha de sangre en el pecho. Pero la llevamos al veterinario y estuvo bien muy pronto, Sólo un poco humillada. Los ratones la aburren, pero los atrapa si ellos insisten, y, después yo tengo que matarlos. Tiene una especie de cansino interés en los topos, y puede observar con cierta atención una cueva de topo, pero los topos muerden y después de todo, ¿quién quiere un topo? Así que se limita a simular que podría atrapar uno, si quisiera.


Va con nosotros a todas partes donde viajamos, recuerda todos los sitios donde ha estado antes y en general se siente a gusto en cualquier lado. Uno o dos lugares le cayeron mal, no sé por qué. Simplemente no se adaptó a ellos. No tardamos en entender las alusiones. Lo más probable es que en este sitio haya habido algún asesinato brutal, y que estaríamos mucho mejor en otra parte. El asesino podría volver. A veces me mira con una expresión peculiar (es el único gato que conozco que lo mira a uno a los ojos) y tengo la sospecha de que lleva un diario, porque la expresión parece decir: "Hermano, en general se te ve muy satisfecho contigo mismo, ¿no? Me pregunto qué sentirías si yo decidiera publicar algo de lo que he venido anotando en mis ratos libros.” En ciertos momentos tiene el gesto de levantar una pata delantera y dejarla colgando, mirándola especulativamente. Mi esposa piensa que está sugiriendo que le compremos un reloj de pulsera; no lo necesita por ningún motivo práctico (sabe la hora mejor que yo) pero después de todo las chicas necesitan tener alguna joya. No sé por qué estoy escribiendo todo esto. Debe ser porque no se me ocurre ninguna otra cosa o ( aquí es donde se pone siniestro) ¿ lo estoy escribiendo en realidad yo? Podría ser que…No, debo de ser yo. Digamos que soy yo. Tengo miedo.


P.S.: Estoy trabajando en una adaptación a la pantalla de La dama en el lago para la MGM. Me aburre a muerte. Es la última vez que hago un guión de un libro que yo mismo escribí. Es como revolcarse sobre huesos secos.

Estoy pensando si emular a Chandler y llevarme a Nati la semana que viene al Congreso Internacional de Ficción criminal en León, oportunidad que me brinda la delegación de Educación de Castilla-La Mancha y mis jefes que amablemente me dejan ir, con los dientes largos porque la cosa promete.