CHAMPÁN
Hace siglos que no bebía champán. En clase últimamente había salido en dos textos la palabra "champaña" y les había hecho mucha gracia: 1. "Se asoma a sus húmedas pupilas de estrella/el alma del rubio cristal de Champaña" del típico poema "Era un aire suave, de pausados giros;/el hada Harmonía ritmaba sus vuelos" de Rubén Darío. 2. Otro, una greguería de Ramón Gómez de la Serna. Tiene 80 greguerías sobre esta bebida, así que podéis elegir. En concreto era: "Lo más aristocrático que tiene la botella de champaña es que no consiente que se la vuelva a poner el tapón".
El viernes noche aparecí por casa de los Alomos que habían abierto una botella. Ipsofácticamente lo asociamos a una vieja anécdota de cuando trabajábamos en Dinópolis y compartíamos piso en la plaza del Torico. Varios ¿actores? amigos trabajábamos juntos en el parque y vivíamos en un campamento cuyo guión ampliábamos día a día. Allí acuñamos la expresión "Hacer o ser un trul", cuando alguien hacía excesos comestibles o bebestibles. Y su alargamiento en "Ser un trul de Estambul" (que han heredado otros compañeros de piso por España).
Aloma siempre me recuerda cómo me comía los botes de leche condensada Hacendado a cucharadas, con galletas María. Siempre subraya cómo con mi comportamiento se podría ilustrar la voz "cinismo" en la Wikipedia, ya que les recalcaba carrito en mano en el Mercadona, que la leche condensada era "Semidesnatada". Su mayor trulada, a mayor gloria de la benjamina, fue un día normal y corriente, que abandonó el salón con la frase "Tengo un poquito de sed", y volvió tan tranquila al sofá con una botella de champán abierta, ante el asombro del resto del mundo en pijama.
El sábado volví a beber "champaña" en la inauguración de El Estudiet, la librería de Benasque. Fue un gran encuentro de amigos en Casa Faure, con emocionantes discursos, suculenta merienda y felicidad y contentura por parte de la librera, amigos y familia. Buenos ratos y muchas risas, como siempre con la gente de esta casa, incluyendo a la gente menuda. El calado de Amy Winehouse y María Antonieta de Sofía Coppola es algo que me tiene muy intrigada en mi día a día con adolescentes y amigas.
Pudimos escuchar como música de fondo el "Trío del Archiduque" de Beethoven, que aparece en el mejor momento de la novela "Kafka en la orilla" de Murakami. Sin duda este fragmento es el más hermoso de un autor que me deja sin respiración y me decepciona a partes iguales. Y me emociona por fragmentos como este, absolutamente bien elegido por Felisa para hablar de su librería. Es un momento en el que frente a una taza de café, uno de los personajes al escuchar esta música, ve como una epifanía, el sentido de su vida. Este sentido se encuentra en la revelación de algo artístico que le gusta, en compañía de un amigo. Eso es El Estudiet, en resumen: reunión, arte, conversación. Amistad. Espero que podáis ir lo antes posible a este "Place to be", entre montañas, historia y libros.
CAFÉAl igual que el personaje de Murakami, pienso que es un regalo de los dioses tomar café con tus amigos. El domingo, dos cafés con leche y tostadas con un montón de mermeladas para elegir frente a una nevada espectacular, con Anita y Pauli en Sesué. De lunes a viernes con Vecino en la cantina de Justi: café con leche y a)Huesitos,b)Pulguita de caballa. Otros días se apuntan los míos de lengua a discutir de lo de siempre, de lo nuestro. Eugenio, también es de los de las pulguitas y Amparo, largo de café en vaso de caña. En Dinópolis tomábamos donuts y dinogalletas (antes de fumarnos un dinocigarro). Sigo desyunando mentalmente en Niu Yols y Lonailan, como bien sabemos.
RELAX
Una de las conversaciones más divertidas del sábado entre amigos y cervezas, giró en torno a este preciado bien, que, como llegamos a la conclusión, el yoga o las técnicas de relajación, pueden quitarte.Una de nuestras amigas, decía que ella salía de yoga "Como una pila", y que cuando le decían que los pensamientos tenían que pasar por su mente "como nubes", a ella se le agolpaban y toda ella se convertía en una "nube negra", y todos sus pensamientos nubosos, se convertían en tormenta. Se borró de yoga porque pretendían obligarla a hacer la cena de fin de curso en un vegetariano. Por eso, y porque salía más nerviosa de lo que entraba. Hasta ahí podíamos llegar. Pobre.
Otra de nuestras amigas contaba que a un amigo, la profesora yogui, le explicaba que hay gente que es "charco", y que al tirar una piedra, su agua salpica. Que a lo que había que aspirar era a ser océano. Para que queremos más, todo el fin de semana con el "Pues nada chica, tú, océano".
Cojo las fotos del blog de Desequilibros. Gracias, Rafa, por el préstamo (ha sido un hurto en toda regla); cuando tenga otras las cambio, te lo prometo.

* La foto procede de 