lunes 8 de junio de 2009

Mad Men

Está bien la excusa de estudiar inglés para poder inflarte de ver algunas de las cosas que se están haciendo últimamente por las televisiones del mundo. Este fin de semana, he aprovechado el tiempo que le quede a Internet de ofrecernos cosas gratis (a ver quién le pone puertas al campo) y meterme en vena varios capítulos subtitulados de la premiadísima "Mad men".
Después de la dosis, constanto varias cosas. La primera, es que Don Draper es el malo de ficción más malo que he visto nunca. Y lo es porque es capaz de adaptarse a todo. A crear un anuncio de un aparato vibrador para adelgazar sin hacer ejercicio (precedente de esos chismes de la teletienda tipo “Abdominazer” o como se llame), a crear la campaña electoral de Nixon en el 60, a una nueva amante detrás de otra, a las sofoquinas de su mujer a la que no puede atender después de tanto mambo, y a la que en vez de dejar de tener desatendida; le paga el psicoanálisis de nueva ola y se queda tan pancho.
Se adapta a todo porque está de vuelta de todo. Viene de una guerra (ese modelo de personaje tan traído y llevado) y va desmontando cualquier fisura en el mundo que está creando con una lógica y racionalidad aplastante. Todo esto sin dejar de fumar, de beber y del mambo. Topalante.
Inolvidable el final del Capítulo 6 de la primera temporada. Entran en un club (un Greenwich Village hotspot) donde vemos a gente a hacer actuaciones de teatro y música, en lo que en la época y treinta años después, se ha considerado candorosamente "alternativo".
En una mesa se sientan los tres personajes: Don Draper, el protagonista, su amante, una artista bohemia y mujer independiente llamada Midge, y un amigo o amante suyo, que podemos considerar un pre-hippie, ya que estamos en el año 1960.
El diálogo entre Don y este chico es interesantísimo. Al preguntar que a qué se dedica, el chico explica que está construyendo un nuevo teatro, una cooperativa.
Chico: “Teatro social, no como esa mierda sin alma que mantiene viva la clase media con abonos para Dick van Dyke y Mary Martin. Don lo sabrá de primera mano. Broadway es la cuna de la mediocridad”.
Don: “Bueno, puede que su cuna esté allí, pero creo que la concibieron aquí”.
Al enterarse de que Don es publicista reanuda el diálogo:
Chico: “ Perpetúan una mentira, ¿Cómo duermes?”
Don: “En una cama de dinero”
Chico: “Con vuestras trampas habéis creado una religión de consumo de masas”.
Don: “Las personas necesitan tanto que las guíen que escuchan a quien sea”.
Chico: “Cuando dices “las personas” yo creo que estás diciendo tú”
Don: “Y yo creo que tú tardas más en arreglarte en pelo que ella”.
Después de esto los guionistas le echan una manita para que terminemos de convencernos, y sacan a una pésima aspirante a actriz, recitando una especie de poema que reza: “Anoche soñé que hacía el amor a Fidel Castro” y termina con la imagen de “Kruschev que estaba mirando por la ventana” y la petición del respetable para que la chavala se quite el jersey después de su infumable actuación. De esta manera nos demuestra que está buena (para regocijo de parte los presentes) y que ejerce la pacata liberación de la mujer que se espera de ella (Nunca he entendido que un momento de liberación de la mujer consista en subirse el jersey en circunstancias ajenas a estas: a) Tener enfrente a un mozo, b) Cobrar por ello, c) a y b en la misma coyuntura).
Me voy del tema pero nada que ver esta liberación con la muy justificada en las piscinas de Zaragoza, y los auténticos sitios que se montaron en junio del 70, y que traigo a colación, junto con el delicioso artículo de La Vanguardia, titulado “Justo medio” : http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/1970/06/03/pagina-35/34313996/pdf.html donde se sostiene además, que el bikini es “sólo apto para bombones”.
Es que levantarse el jersey en un garito del Village es una cosa, y diez años después ponerse en bikini en “Helios” o “El Olivar”, por un poner, otra muy distinta. Acabáramos hombre, que el bañador deja unas marcas horribles y la tripica toda blanca. Esto es perfectamente digno de revolución y ahora hablo completamente en serio.
Y así hemos ido queriendo decir todas las replicas del guión de Draper, y se nos olvida su perversión, cómo vende a su familia y todo el discurso de la posmodernidad con el carrusel de diapositivas de Kodak. Carrusel. Hacia atrás. Hacia delante.
Apunto un interrogante para la próxima entrada: ¿Por qué el NY Times tiene esta sección tan marciana llamada “Style”?: Fashion and Style, Dining and wine, Home and Garden y ojo al matojo a la parte de: ¡¡¡Weddings/ Celebrations!!!.
No sale nadie feo, son todos super cool de Estambul y estilosísimos. Me recuerda al “Hola”, con la diferencia de que esto es más multicultural, no tienen apellidos con un guión o la coletilla “de la” seguido de más apellidos con guión; y que en el “Hola” era muy curioso ver esos vestidos o faldones de “Ríos” cuando la boda era zaragozana. Mi infancia son recuerdos del “Hola” en la casa del pueblo y mi madre en bikini en el corral. Y unas fotos Kódak. Como las de Draper.